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jueves, 16 de mayo de 2013

Artículo Neurociencias: ¿Cómo influyen los ritmos circadianos en nuestra vida?


¿Cómo influyen los ritmos circadianos en nuestra vida?
Nse. Marita Castro
El estudio de los ritmos circadianos despertó sumo interés durante las dos últimas décadas. Cuando se habla de ritmos, podemos ver cómo toda nuestra vida y el universo están poblados de ellos: el día y la noche, las estaciones del año y los cambios de temperaturas son ritmos externos a nosotros, pero que afectan a nuestra unidad cuerpo cerebro mente (UCCM).
La ciencia que estudia la organización temporal y las características de los procesos cíclicos que se producen en los seres vivos es la cronobiología, una disciplina que se desprende de la fisiología.
El concepto del ritmo biológico surgió en el siglo XVIII, pero no fue hasta 1960 que se sentaron las bases de la cronobiología como ciencia. Si bien existen diversos tipos de ritmos cronobiológicos (los hay de 28 días (mensual), de 3 meses (estacional) e incluso a los ritmos climatéricos), los más estudiados son los ritmos circadianos. Estos duran aproximadamente 24 horas y permiten que el organismo se adapte a los ciclos día-noche. La palabra circadiano proviene de circa; alrededor, y dies: día.
A la hora de examinar los ciclos, se puede observar que existen animales cuyo momento de mayor actividad es durante el día, como por ejemplo los pájaros; en cambio, otros se activan por la noche como los murciélagos.

Esta conducta también se repite en los seres humanos. De hecho, es posible encontrar personas que se sienten muy activas por la mañana temprano y necesitan descansar o bajar su ritmo a medida que oscurece. Estas personalidades son caracterizadas como matutinas y algunos las llaman “alondras”. Otros, por su parte, son individuos vespertinos y necesitan levantarse tarde e irse a dormir después de la medianoche. A ellos se lo puede denominar como los “búho”. Por último,  están los intermedios que no tienen ninguna de estas tendencias extremas: se activan después que los matutinos y se acuestan antes de los vespertinos.

¿De qué modo regula el cuerpo estos ritmos biológicos? La respuesta está en el hipotálamo, más precisamente por el núcleo supraquiasmático. Este núcleo recibe información de la retina y del resto de los órganos sensoriales.


Las variaciones en los ritmos se deben a la secreción diurna de cortisol y a la secreción nocturna de melatonina (se la llama la hormona de la oscuridad, pues se libera cuando el cerebro no recibe señales lumínicas). Si bien los ciclos circadianos son endógenos, cuando falta un fuerte estímulo lumínico, como lo es el estímulo solar, los ritmos de 24 horas pueden pasar a ser de 25 y llegar hasta de 33 horas. Esta prolongación del los ciclos afecta la UCCM y puede generar desequilibrios tanto en la salud  física como psíquica.

Existen otros factores que interrumpen el normal funcionamiento de estos ritmos: uno de ellos es el Jet Lag, también conocido como descompensación horaria, disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios. Este desequilibro se produce cuando se realizan largos viajes y se pasa de un huso horario a otro distinto. Los cambios en los horarios laborales y, especialmente, los trabajos nocturnos también generan sufrimiento en el organismo. Ante cualquiera de estas dos situaciones, aparecen respuestas como el cansancio, el desgano, el insomnio, la irritabilidad, la depresión, e, incluso, los trastornos cardíacos.

Otro tipo de jet lag es el social; este síndrome está relacionado con la falta de sincronización entre el reloj corporal y el horario de nuestros quehaceres cotidianos. Produce respuestas como las anteriores, pero, además, según los estudios de Till Roenneberg, de la Universidad de Munich en Alemania, publicados en la revista 'Current Biology', también es responsable de la mayor tendencia que existe a la obesidad, de que haya mayor alcoholismo, se consuman más cigarrillos y cafeína. Roenneberg considera que debemos aprender a tener presente que nuestros ritmos actuales, con mucho menor tiempo de descanso, no pueden seguir si deseamos estar sanos.

Asimismo, otros trabajos realizados en el campo de la cronobiología, de los cuales se desprende una nueva rama la cronopsicología, incluyen a la dimensión temporal en el estudio científico de los comportamientos. Las investigaciones fueron realizadas por Anna Muro y Monserrat Gomá, del departamento de psicología de la salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, y por Ana Adan, profesora del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica. Las observaciones permitieron detectar ciertas diferencias entre las personas matutinas y las vespertinas. Asimismo,  trataron de dar respuesta, en términos de adaptación biológica, a las tendencias que los humanos tenemos ante las exigencias evolutivas del entorno.

A partir de las exploraciones realizadas, se concluyó que los ritmos circadianos y la exposición a la luz solar deben ser considerados en los ámbitos educativos, laborales, sociales, en la vida personal y en el diseño de cronogramas de actividades, para cuidar de nuestra UCCM y, al mismo tiempo, facilitar una mejor respuesta de cada uno de nosotros a las demandas del ambiente.

Si bien como en toda disciplina científica quedan muchos interrogantes y camino por explorar, la cronobiología y la cronopsicología amplían la visión que podemos tener sobre nosotros mismos y, conjuntamente,  nos permiten reflexionar sobre nuestras diferencias, comprenderlas e iniciar un camino de respeto. También nos sirven como herramientas que nos hacen comprender qué nos afecta en el corto y en el largo plazo.

Por todo lo expresado, es interesante el valor que cobra el estudio de los ritmos biológicos y la importancia que tienen para la comprensión de nuestra calidad de vida.

Para cerrar esta nota propongo unas preguntas, para así reflexionar sobre las respuestas y, si se considera oportuno, hacer algunos ajustes en nuestro estilo de vida:

Si soy (matutino o vespertino): ¿Mis horarios de trabajo respetan mi tendencia natural?

¿Realizan los integrantes de mi equipo de trabajo las tareas que exigen su máximo potencial en los horarios que sus ritmos circadianos están en su mayor nivel?

¿Estoy el suficiente tiempo al aire libre o en contacto con una ventana para que mi cerebro (núcleo supraquiasmático del hopotálamo) pueda recibir los estímulos medio ambientales necesarios?

¿Mi equipo cuenta con tiempo para estar al aire libre o con espacios que le den contacto con los estímulos medio ambientales que les permitan sincronizar sus relojes internos?

¿Estudio en horarios que están acordes con mis ciclos circadianos?

Fuentes:
  • Departamento de psicología de la salud de la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona.
  • Institute of Medical Psychology -  Head of Human Chronobiology - Universität München.
  • Morningness-eveningness, gender and the Alternative Five Factorial Personality Model". Muro, A; Gomà-i-Freixanet, M and Adan, A. (2009). Chronobiology International, 26(6), 1235-1248.


Nse. Marita Castro
Directora Asociación Educar.
Co-creadora y Directora del Curso de Capacitación Docente en Neurociencias dictado en castellano e inglés, curso completado por más de 1.200 alumnos.
Sus cursos y formaciones cuentan con alumnos en 31 países.
Directora talleres de Neurobiología del Aprendizaje - Universidad Nacional de la Plata (2009-2010).
Disertante en la cátedra de Política y Liderazgo de la formación en Farmacia y Bioquímica, Abogacía y Marketing - Universidad Maimónides.

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martes, 14 de mayo de 2013

Ilustración Neurociencias: Inteligencia y tamaño del cerebro.




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Comparar el tamaño de nuestro cerebro contra el de uno de nuestros antecesores nos traería una gran sorpresa dado a que el tamaño del cerebro del homo neanderthalensis, más conocido como el hombre de neandertal, es en promedio 100 gramos más pesado que el nuestro.

Igualmente debemos aclarar que el tamaño del cerebro no está relacionado con la inteligencia. Si así fuera, los elefantes serían los mamíferos más inteligentes de la tierra con un cerebro de 4,7 kg. La inteligencia se encuentra relacionada con que áreas se encuentran más desarrolladas dentro del cerebro de cada especie.



Glosario Neurociencias: www.asociacioneducar.com/glosario.php

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jueves, 9 de mayo de 2013

Artículo Neurociencias: ¿Hacer cosas buenas nos da permiso para hacer otras que no lo sean tanto?


¿Hacer cosas buenas nos da permiso para hacer otras que no lo sean tanto?

Dr. Nse. Carlos A. Logatt Grabner

Quien no se dijo alguna vez “Me merezco comer este chocolate después de todo lo que hice”, o “Con lo bien que me manejé en esa reunión, puedo permitirme contestar mal: no tengo que ser perfecto” o “Caminé 20 cuadras, puedo comer una porción extra”.

Todos estos permisos que solemos darnos han sido objeto de investigación, ya que al parecer tienen una relación estrecha con acciones anteriores que hayamos realizado y consideramos positivas.

Una de estas investigaciones es la que se realizó en la Universidad Nacional Sun Yat-Senn de la Republica de China con un grupo de voluntarios. Todos eran fumadores, quienes debían responder a un cuestionario con preguntas que eran irrelevantes para el estudio ya que el mismo se basaba en ver qué sucedía con los participantes si antes habían realizado algo que consideraran positivo o beneficioso.

Antes de responder al cuestionario, todos los participantes tomaron un comprimido que era de azúcar. A la mitad de ellos se les informó la verdad y, a la otra, se le comunicó que se trataba de una dosis de vitamina C.

Asimismo, los investigadores les permitieron fumar mientras realizaban el cuestionario para que pudieran sentirse más tranquilos. Sin ninguna sorpresa, los científicos observaron que tal como lo esperaban los voluntarios que habían ingerido la supuesta dosis de vitaminas fumaron el doble de cigarrillos.

Wen-Bin Chiou, uno de los profesionales, consideró que de forma consciente, o inconsciente, quienes habían pensado que habían realizado anteriormente un acto saludable se permitieron fumar más.

Otro estudio de Bin Chiou, publicado en Psychological Science, y que aportó información sobre este tema, fue el realizado con un grupo de voluntarios a los cuales se los dividió en dos partes. A un grupo se le informó que tomaría un complejo multivitamínico y, al otro, un placebo, aunque la realidad fue que todos tomaron un placebo. Luego se siguió un registro con las conductas diarias de cada uno de los participantes.

Los resultados presentaron que aquellos que creyeron haber tomado el suplemento se sintieron invulnerables ante posibles riesgos en su salud y esto los llevó a realizar actividades más riesgosas, a cuidarse menos, a no hacer ejercicios o a disminuir sus sesiones de caminatas. A su vez,  ante la presencia de comidas sanas, productos orgánicos o un bufett de quesos y fiambres, la mayoría optó la comida menos sana.

Una nueva experimentación, liderada por Nina Mazar en la Universidad de Toronto, presentó la relación que existe entre los productos ecológicos y los consumidores. En el misma se observó que la mera exposición a productos ecológicos llevaba a las personas a actuar de un modo más altruista, que ante la exposición a productos tradicionales. Sin embargo, las personas actuaron de un modo menos altruista y con mayor tendencia a hacer trampas, después de comprar productos ecológicos, algo que no fue igual ante la compra de productos convencionales. Para Mazar, los estudios mostraron que el consumo está también conectado a los comportamientos sociales y éticos mucho más de lo que se pensaba.

Si bien todos los trabajos científicos necesitan de otros nuevos para confirmar y comprender sus resultados, con lo visto hasta el momento ya podemos poner en acción nuestra inteligencia reflexiva y preguntarnos: ¿Alguna vez me pasó? ¿Me doy permiso para actuar con menos valores, si he realizado cosas durante el día que considero positivas o buenas? ¿Me creo con derecho a no actuar con respeto, si como más sano que otros? Si la respuesta es sí, debemos poner en marcha nuestra capacidad de auto-observación; una capacidad primordial para crecer como mejores personas y, así, ajustar nuestros pensamientos justificadores, que siempre encuentran una razón para ayudarnos a no cambiar. Esta sensación de “me lo merezco” o “me lo gané” debería pasar por una evaluación más equitativa y reflexiva. Antes de actuar, deberíamos preguntarnos: ¿Me gané el derecho a no ser amable, debido a que actué bien en una reunión? o ¿Me merezco cuidarme menos porque tomé vitaminas?

Seguramente, luego de estas preguntas seremos más conscientes y la toma de decisiones que hagamos será mejor. En el caso de que no pudiéramos actuar de mejor manera, al menos habremos dado un gran paso, ya que sabremos que hacemos algo que no está bien y ése será el principio que me impulsará al cambio.

Les sugerimos leer la siguiente nota: Las exigencias y el cansancio agotan la capacidad de autocontrol de nuestro cerebro. - http://www.asociacioneducar.com/articulo-exigencias-agotan-capacidad-autocontrol.php

Fuentes:
  • Psychological Science - Ironic Effects of Dietary Supplementation -Illusory Invulnerability Created by Taking Dietary Supplements Licenses Health-Risk Behaviors - Wen-Bin Chiou, Chao-Chin Yang and Chin-Sheng Wan.
  • University de Toronto - Do Green Products Make Us Better People? Nina Mazar and Chen-Bo Zhong.
  • Investigación y ciencia - Edición española de Scientific American.

Dr. Nse. Carlos A. Logatt Grabner
Presidente Asociación Educar.
Creador de la Formación en Neurosicoeducación y Neurosicoentrenamiento dictada en español e inglés.
Sus cursos y formaciones cuentas con alumnos en 31 países.
Director General de la revista on-line "Descubriendo el Cerebro y la Mente" de llegada nacional e internacional, editada en castellano e inglés.
Director de los talleres de: Neurobiología del Aprendizaje - Universidad Nacional de la Plata (2009-2010).
LinkedIn: http://ar.linkedin.com/in/carloslogatt

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martes, 7 de mayo de 2013

Ilustración Neurociencias: La composición de nuestro cerebro.

 

Tamaño completo:

La composición de nuestro cerebro es, aproximadamente, de:
77% agua.
11% lípidos.
8% proteínas.
2% sustancias orgánicas solubles.
1% hidratos de carbono.
1% sales inorgánicas.


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jueves, 2 de mayo de 2013

Artículo Neurociencias: ¿Por qué El Coeficiente Emocional es más importante que el Coeficiente Intelectual?


¿Por qué El Coeficiente Emocional es más importante que el Coeficiente Intelectual?

Prof. Nse. Alejandra del Fabro


La Inteligencia Emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Si bien el término nació mucho antes, fue en el año 1995 con la publicación del libro La Inteligencia Emocional, del  psicólogo estadounidense Daniel Goleman, que se popularizó. Este libro está compuesto por investigaciones que Goleman llevó a cabo durante diez años en la Universidad de Harvard, con la colaboración de las Universidades de  Yale y Michigan, gracias a sus conocimientos e investigaciones de la mente humana y a los avances que se habían producido hasta ese momento, en el campo de las neurociencias.

La teoría de Goleman sugiere que la Inteligencia Emocional se podría organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, automotivarse y gestionar relaciones.

El panorama escolar

Si nos remontamos a unos años atrás, podemos observar cómo los profesores preferían a los niños conformistas que conseguían buenas notas y exigían poco de ellos.

El “conformismo” y “exigir poco” van de la mano de la poca motivación hacia la creatividad y el fortalecimiento de la autoestima. Es no animarse a ampliar la “zona de seguridad”, tal como se la denomina en Neurosicoeducación.  En este sector no nos sentimos necesariamente felices, sino que es el círculo en el que aunque poco feliz,  conocemos y en que nos acostumbramos a vivir.

Es por esto que era habitual encontrar alumnos atentos en clase, memorizando explicaciones del profesor y sacando, en el mejor de los casos, buenas notas. El objetivo era que los alumnos desarrollasen capacidades lógico matemáticas que eran después evaluadas y podrían “medirse” con el test de Coeficiente Intelectual.

Los avances en el campo de las ciencias y las neurociencias nos hacen predecir, por un lado, que este escenario no garantiza el aprendizaje duradero en el tiempo. Lo más probable es que estos alumnos  sacasen notas maravillosas en sus evaluaciones, pero esos conocimientos, al poco tiempo, desaparecerían de sus mentes producto de, fundamentalmente, el escaso (o nulo) rol y compromiso emocional. Esta escasez, resulta en redes neuronales débiles que al no tener impacto emocional y al no ejercitarse en el futuro (en este caso, una vez concluida la evaluación) se debilitan hasta finalmente desaparecer.

Por otro lado, es bastante penoso el resultado del análisis de los sistemas educativos. Los más adelantados coinciden que la formación docente, además de contemplar los contenidos de cada disciplina, la psicología y la pedagogía, debería incluir una introducción a las neurociencias. Contando con descubrimientos sobre la forma en la que aprende el cerebro y cuán importante es el rol de las emociones en la vida diaria, el hecho de que las habilidades de la Inteligencia Emocional no sean contempladas por la gran mayoría de los sistemas a nivel mundial no es un hecho menor.

Encontramos aquí, en este último punto, un semáforo en rojo que exige un espacio para reflexionar. Es evidente que para que un niño, o un joven, se desarrolle como una persona feliz no basta con que su formación contemple contenidos o retenga datos, es decir, no es suficiente  que incremente un Coeficiente Intelectual alto.

El aula actual no muestra demasiados cambios comparado con el escenario que se describe anteriormente. Si bien se incluye en la mayoría de los currículos escolares el pensamiento crítico, este no siempre es llevado a la práctica. Sería  imperioso que la formación docente y escuela contemplasen el desarrollo de la Inteligencia Emocional para que pueda aplicarse en el ámbito de la educación formal, transmitirla a los padres y así, en conjunto, educar a toda la persona (Coeficiente Intelectual y Coeficiente Emocional).

“LA INTELIGENCIA EMOCIONAL ES UN FACTOR DECISIVO A LA HORA DE LA FORMACION ACADEMICA”

LA ALFABETIZACION EMOCIONAL

¿Por qué es imperioso educar en un ambiente que contemple la Inteligencia Emocional?

Nada más exacto que las palabras del mismísimo Goleman para responder a esta pregunta. En el año 2010, Goleman fue invitado a brindar una conferencia sobre habilidades emocionales a COs de doscientas empresas en Estados Unidos. Cada uno de los participantes era gerente de su área. Más aún, todos habían realizado “masters” y obtenido sus doctorados en las universidades más prestigiosas y costosas.

¿Qué es, pues, lo que hace la diferencia?

Goleman comenzó su conferencia con una pregunta de la que ya tenía la respuesta. Preguntó, “¿Cuántos de ustedes recibieron sus graduaciones siendo ¨top ten¨ de sus clases?” Esta pequeña encuesta informal, dio el resultado que Goleman esperaba y sabía por sus investigaciones. Solamente cuatro de las doscientas personas levantaron la mano. Más interesante es la explicación que siguió a la encuesta. “…La persona necesita del Coeficiente Intelectual, pero para tener éxito hace falta desarrollar el Coeficiente Emocional…” que es el que garantiza las buenas relaciones inter e intra personales mediante el desarrollo de la Inteligencias Intrapersonal e Interpersonal. (1)

El Coeficiente Intelectual solo predice entre el 4 y el 10% el éxito profesional. Esto deja afuera una contribución amplia de otros factores. Uno de ellos es la Inteligencia Emocional.

Entre las habilidades que distinguen a personas sobresalientes en cientos de organizaciones se observan claramente dos ítems: cuáles de las habilidades se basan en Coeficiente Intelectual y en el conocimiento técnico en habilidades puramente cognitivas y cuántas pertenecen al dominio de la Inteligencia Emocional.

“Resulta ser que para todo tipo de trabajos, a la hora de diferenciar a “las estrellas” del resto, la Inteligencia Emocional tiene el doble de importancia que las habilidades cognitivas. A mayor nivel en una organización, mayor su importancia. Así que para los líderes de primer nivel, es estos modelos de competencia el 80 y 90% de las habilidades pertenecen al dominio de la Inteligencia Emocional.” Afirma Goleman con convicción.

No es que el Coeficiente Intelectual y el conocimiento técnico no importen, sino que simplemente son habilidades básicas. El Coeficiente Intelectual es el indicador más fuerte de qué tipo de trabajo puede obtener una persona, pero el  Coeficiente Emocional es el que mantiene a la persona en ese puesto. No es el Coeficiente Intelectual el que predice quién será un trabajador sobresaliente. Todo eso tiene que ver con la Inteligencia Emocional, con cómo nos manejamos y cuán efectivos somos en las relaciones personales.

Hay una habilidad cognitiva que aparece una y otra vez como indicador de líderes sobresalientes. Es lo que llamaríamos el “pensamiento global”, “reconocimiento de patrón” o “pensamiento de sistemas”. Consiste en entender la importancia de plantearse frente a una decisión actual y su implicancia en los cinco o diez años por venir. O, quizás de una manera más significativa, “¿Qué visión estratégica deberíamos tener para avanzar?”. Y una vez que tenemos el plan estratégico, una vez que sabemos hacia dónde vamos, el problema es el siguiente: “sólo podemos llegar a ello por medio de las personas”. Para ejecutar ese plan, esa estrategia, necesitamos persuadir, inspirar, escuchar, motivar, comunicar y esas son competencias de la Inteligencia Emocional.

La inteligencia Emocional en la escuela, hoy

La gran mayoría de las personas dan por hecho que todos los seres humanos nacen con una serie de recursos innatos que le permiten crear la propia autoestima y autocontrol. Sin embargo, al igual que la inteligencia cognitiva, la Inteligencia Emocional se aprende.

La buena noticia es que podemos trabajar la inteligencia Emocional en la escuela y en todos los niveles. Es por esto que la escuela se debería plantear enseñar a los alumnos a ser “emocionalmente inteligentes”, dotándolos de estrategias y ayudándolos a desarrollar habilidades emocionales básicas que les protejan de los factores de riesgo o, al menos, que puedan palear sus efectos negativos.

Aun sin estar contemplado, como se mencionó, el desarrollo de esta inteligencia en casi ninguno de los sistemas educativos del mundo, cada escuela, cada docente puede tomar los contenidos curriculares y enfocarlos de manera que poco a poco vaya dotando a los alumnos de estas estrategias y ayudarlos a desarrollar las habilidades emocionales básicas.

Imaginemos, en un alarde de optimismo, que la comunidad educativa estuviera convencida de que la inteligencia emocional debiera ser uno de los objetivos básicos a perseguir por el sistema educativo, de esta manera, cada comunidad educativa estaría educando íntegramente a las personas que deberán afrontar los inciertos desafíos del siglo XXI, los líderes, “las estrellas, protagonistas del futuro”.

Desde la Neurosicoeducación consideramos que un espacio educativo es aquel que más allá del lugar donde se encuentre, enseña habilidades cognitivas (el Coeficiente Intelectual) y, además, educa a toda la persona (Coeficiente Emocional) para que se desenvuelva, para que aprenda, poco a poco, a desarrollarse como un mejor ser humano.

(1)Inteligencia Intrapersonal: capacidad de formar un modelo realista y preciso de uno mismo, teniendo acceso a los propios sentimientos y usarlos como guías en la conducta.
Inteligencia Interpersonal: capacidad de comprender a los demás; qué los motiva, cómo operan, cómo relacionarse adecuadamente y capacidad de reconocer y reaccionar ante el humor, el temperamento y las emociones de los otros. 

Prof. Nse. Alejandra del Fabro
Oradora en Asociación Educar.
Fundadora del Instituto de Idio+delfabro.
Aplicando las Neurociencias, la metodología pedagógica de su instituto se basa en los procesos enseñanza-aprendizaje compatible con la forma en la que aprende el cerebro.
Partner DANA Foundation, New York, USA.

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jueves, 25 de abril de 2013

Artículo Neurociencias: La inteligencia práctica en la vida empresarial.


La inteligencia práctica en la vida empresarial.

Nse. Marita Castro

En los últimos tiempos, las diferentes teorías sobre la inteligencia han presentado que no es posible hablar de una sola, sino de varias. Y uno de sus principales exponentes es Howard Gardner, quien en el año 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por su trabajo sobre las inteligencias múltiples.

En el ámbito empresarial, es fundamental poseer inteligencia práctica, para así tomar decisiones más óptimas y alcanzar mayor éxito.

A la inteligencia práctica se la puede definir como a la capacidad para traducir la teoría en acción o, también, como a la competencia de lograr adquirir y luego aplicar los conocimientos. Por ello, se puede decir que este tipo de inteligencia se desprende de la combinación de: obtener conocimientos, habilidad para utilizarlos y ajuste de los mismos, según las experiencias que se van obteniendo en las diversas situaciones del día a día. A esta inteligencia se la conoce también como know-how (saber  cómo).

Sin embargo, no todas las personas pueden aprender de sus experiencias, y otras no tienen oportunidad de tenerlas. Por lo cual en ambos casos se dificulta desarrollar el nivel de destreza necesario para desenvolverse con la flexibilidad y nivel de toma de decisiones que exige el generar y mantener una empresa o negocio exitoso.  

Una de las investigaciones que permitió evaluar y reafirmar el valor de la  inteligencia práctica en las empresas fue la liderada por J. Robert Baum, director del área de investigación empresarial de la Universidad de Maryland, y Barbara J. Bird, de la American University of Business, publicada en el Journal Personnel Psychology (2010).

La metodología de trabajo fue realizar un cuestionario a 462 miembros de empresas gráficas. Los investigadores eligieron este tipo de empresas debido a que al ser muy competitivas deben ser capaces de hacer cambios rápidos para mantenerse y crecer.

El cuestionario fue desarrollado y probado a través de entrevistas realizadas a directores y ejecutivos exitosos que habían fundado originalmente sus negocios. Según Bird, las personas, especialmente durante las etapas iniciales de la creación de sus  empresas, tienen que ser capaces de aplicar lo que saben,  tomar las mejores decisiones posibles en la menor cantidad de tiempo y, por lo general, con pocos recursos, ya que no cuentan con dinero extra para asesores. El tener que actuar sí o sí les permite desarrollar su inteligencia práctica y, asimismo, su experiencia para hacer ajustes en sus saberes, lo que con el tiempo les otorga rapidez de acción y confianza.

El resultado de esta investigación arrojó importantes diferencias positivas en las empresas que cuentan con líderes con una alta inteligencia práctica. Esto permite a empresarios y líderes comprender el valor de las experiencias prácticas, la experimentación y su relación con la toma de decisiones. Quienes obtuvieron mejores resultados tendrán una mayor capacidad resolutiva a la hora de afrontar desafíos y de solucionar problemas, mediante aptitudes necesarias en toda empresa. Bird recomienda que quienes carecen de la experiencia pertinente en determinado campo busquen asociarse a personas  que sí la tengan.

También sugiere que en las distintas capacitaciones que se dan en una organización, se tenga presente el desarrollo de actividades en donde se trabaje con situaciones reales a las que se enfrenta o puede enfrentarse un equipo. De este modo, los grupos contarán con experiencia práctica, aunque simplemente sea un simulacro, para que cuando los hechos se produzcan realmente, no sean una novedad para el cerebro y no dejen a las personas inmovilizadas, sin saber cuál es la mejor decisión posible o cómo actuar.

Por ello, desde a Neurosicoeducación,  cuando se presentan las  etapas del aprendizaje, se resaltan aquellas que corresponden a la primera fase: el aprendizaje teórico, que culmina cuando la persona domina los conocimientos (formado redes neuronales consolidadas del saber) y a las que corresponden a la aplicación del conocimiento que pueden dividirse en:  

Aplicación en frío: es la etapa en donde se recuperan los conocimientos que se han consolidado en la memoria, para reflexionar e imaginar el modo de emplear los mismos en situaciones determinadas de la vida personal, laboral, social, etc.

Aplicación en caliente: es la etapa en donde los conocimientos se han consolidado aún más y unido a las redes neuronales de aplicación que se armaron en la etapa de aplicación en frío, donde imaginando o presentando posibles situaciones  se reflexionó y/o se trabajó con simulaciones para poder utilizarlos. El paso anterior permite la aplicación de las competencias en situaciones de la vida real con mayor soltura y seguridad, ya que las redes neuronales de teoría y práctica se van uniendo y enriqueciendo con las distintas experiencias.





Sin lugar a dudas, existen otros factores e inteligencias que se deben tener en cuenta cuando se habla de éxito empresarial, como lo es la capacidad emocional de los líderes de generar un buen clima laboral,  el poder imaginar posibles escenarios futuros, generar equipos de trabajo comprometidos, entre otros. No obstante, todo saber necesita ser expresado.

Las etapas finales de todo aprendizaje es la puesta en práctica del conocimiento. Por esta razón, todo proceso educativo y de capacitación debería contar con estrategias de aplicación de las mismas para que la inteligencia práctica se desarrolle en toda persona y permita la expresión de todos los tipos de inteligencias.

Investigaciones:
J. Robert Baum - Universidad de Maryland.
Barbara J. Bird - American University of Business.


Nse. Marita Castro
Directora Asociación Educar.
Co-creadora y Directora del Curso de Capacitación Docente en Neurociencias dictado en castellano e inglés, curso completado por más de 1.200 alumnos.
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Disertante en la cátedra de Política y Liderazgo de la formación en Farmacia y Bioquímica, Abogacía y Marketing - Universidad Maimónides.

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