¿Cómo influyen los ritmos circadianos
en nuestra vida?
Nse. Marita Castro
El estudio de los ritmos
circadianos despertó sumo interés durante las dos últimas décadas. Cuando se
habla de ritmos, podemos ver cómo toda nuestra vida y el universo están
poblados de ellos: el día y la noche, las estaciones del año y los cambios de
temperaturas son ritmos externos a nosotros, pero que afectan a nuestra unidad
cuerpo cerebro mente (UCCM).
La ciencia que estudia la organización temporal y
las características de los procesos cíclicos que se producen en los seres vivos
es la cronobiología, una disciplina que se desprende de la fisiología.
El concepto del ritmo biológico surgió en el siglo
XVIII, pero no fue hasta 1960 que se sentaron las bases de la cronobiología
como ciencia. Si bien existen diversos tipos de ritmos cronobiológicos (los hay
de 28 días (mensual), de 3 meses (estacional) e incluso a los ritmos
climatéricos), los más estudiados son los ritmos circadianos. Estos duran
aproximadamente 24 horas y permiten que el organismo se adapte a los ciclos
día-noche. La palabra circadiano proviene de circa; alrededor, y dies:
día.
A la hora de examinar los ciclos, se puede observar que existen animales
cuyo momento de mayor actividad es durante el día, como por ejemplo los
pájaros; en cambio, otros se activan por la noche como los murciélagos.
Esta conducta también se repite en los seres humanos. De hecho, es
posible encontrar personas que se sienten muy activas por la mañana temprano y
necesitan descansar o bajar su ritmo a medida que oscurece. Estas
personalidades son caracterizadas como matutinas y algunos las llaman
“alondras”. Otros, por su parte, son individuos vespertinos y necesitan
levantarse tarde e irse a dormir después de la medianoche. A ellos se lo puede
denominar como los “búho”. Por último, están los intermedios que no tienen ninguna de
estas tendencias extremas: se activan después que los matutinos y se acuestan
antes de los vespertinos.
¿De qué modo regula el cuerpo estos ritmos biológicos? La respuesta está
en el hipotálamo, más precisamente por el núcleo supraquiasmático. Este núcleo
recibe información de la retina y del resto de los órganos sensoriales.
Las variaciones en los ritmos se deben a la secreción diurna de cortisol
y a la secreción nocturna de melatonina (se la llama la hormona de la
oscuridad, pues se libera cuando el cerebro no recibe señales lumínicas). Si
bien los ciclos circadianos son endógenos, cuando falta un fuerte estímulo
lumínico, como lo es el estímulo solar, los ritmos de 24 horas pueden pasar a
ser de 25 y llegar hasta de 33 horas. Esta prolongación del los ciclos afecta
la UCCM y puede generar desequilibrios tanto en la salud física como psíquica.
Existen otros factores que interrumpen el normal funcionamiento de estos
ritmos: uno de ellos es el Jet Lag, también conocido como descompensación
horaria, disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios. Este
desequilibro se produce cuando se realizan largos viajes y se pasa de un huso
horario a otro distinto. Los cambios en los horarios laborales y,
especialmente, los trabajos nocturnos también generan sufrimiento en el organismo.
Ante cualquiera de estas dos situaciones, aparecen respuestas como el
cansancio, el desgano, el insomnio, la irritabilidad, la depresión, e, incluso,
los trastornos cardíacos.
Otro tipo de jet lag es el social; este síndrome está relacionado con la
falta de sincronización entre el reloj corporal y el horario de nuestros
quehaceres cotidianos. Produce respuestas como las anteriores, pero, además,
según los estudios de Till Roenneberg, de la Universidad de Munich en Alemania,
publicados en la revista 'Current Biology', también es responsable de la mayor
tendencia que existe a la obesidad, de que haya mayor alcoholismo, se consuman
más cigarrillos y cafeína. Roenneberg considera que debemos aprender a tener
presente que nuestros ritmos actuales, con mucho menor tiempo de descanso, no
pueden seguir si deseamos estar sanos.
Asimismo, otros trabajos realizados en el campo de la cronobiología, de
los cuales se desprende una nueva rama la cronopsicología, incluyen a la
dimensión temporal en el estudio científico de los comportamientos. Las
investigaciones fueron realizadas por Anna Muro y Monserrat Gomá, del
departamento de psicología de la salud de la Universidad Autónoma de Barcelona,
y por Ana Adan, profesora del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología
Clínica. Las observaciones permitieron detectar ciertas diferencias entre las personas
matutinas y las vespertinas. Asimismo, trataron de dar respuesta, en términos de
adaptación biológica, a las tendencias que los humanos tenemos ante las
exigencias evolutivas del entorno.
A partir de las exploraciones realizadas, se concluyó que los ritmos
circadianos y la exposición a la luz solar deben ser considerados en los
ámbitos educativos, laborales, sociales, en la vida personal y en el diseño de
cronogramas de actividades, para cuidar de nuestra UCCM y, al mismo tiempo,
facilitar una mejor respuesta de cada uno de nosotros a las demandas del
ambiente.
Si bien como en toda disciplina científica quedan muchos interrogantes y
camino por explorar, la cronobiología y la cronopsicología amplían la visión
que podemos tener sobre nosotros mismos y, conjuntamente, nos permiten reflexionar sobre nuestras diferencias,
comprenderlas e iniciar un camino de respeto. También nos sirven como
herramientas que nos hacen comprender qué nos afecta en el corto y en el largo
plazo.
Por todo lo expresado, es interesante el valor que cobra el estudio de
los ritmos biológicos y la importancia que tienen para la comprensión de nuestra
calidad de vida.
Para cerrar esta nota
propongo unas preguntas, para así reflexionar sobre las respuestas y, si se
considera oportuno, hacer algunos ajustes en nuestro estilo de vida:
Si soy (matutino o
vespertino): ¿Mis horarios de trabajo respetan mi tendencia natural?
¿Realizan los integrantes
de mi equipo de trabajo las tareas que exigen su máximo potencial en los
horarios que sus ritmos circadianos están en su mayor nivel?
¿Estoy el suficiente tiempo
al aire libre o en contacto con una ventana para que mi cerebro (núcleo
supraquiasmático del hopotálamo) pueda recibir los estímulos medio ambientales
necesarios?
¿Mi equipo cuenta con
tiempo para estar al aire libre o con espacios que le den contacto con los
estímulos medio ambientales que les permitan sincronizar sus relojes internos?
¿Estudio en horarios
que están acordes con mis ciclos circadianos?
Fuentes:
- Departamento de psicología de la salud de la
Universidad Autónoma de Barcelona.
- Departamento de Psiquiatría y Psicobiología
Clínica de la Universidad de Barcelona.
- Institute of Medical
Psychology - Head of Human
Chronobiology - Universität München.
- Morningness-eveningness,
gender and the Alternative Five Factorial Personality Model". Muro,
A; Gomà-i-Freixanet, M and Adan, A. (2009). Chronobiology International,
26(6), 1235-1248.
Nse. Marita Castro
Directora Asociación Educar.
Co-creadora y Directora del Curso de Capacitación Docente en Neurociencias dictado en castellano e inglés, curso completado por más de 1.200 alumnos.
Sus cursos y formaciones cuentan con alumnos en 31 países.
Directora talleres de Neurobiología del Aprendizaje - Universidad Nacional de la Plata (2009-2010).
Disertante en la cátedra de Política y Liderazgo de la formación en Farmacia y Bioquímica, Abogacía y Marketing - Universidad Maimónides.
Directora Asociación Educar.
Co-creadora y Directora del Curso de Capacitación Docente en Neurociencias dictado en castellano e inglés, curso completado por más de 1.200 alumnos.
Sus cursos y formaciones cuentan con alumnos en 31 países.
Directora talleres de Neurobiología del Aprendizaje - Universidad Nacional de la Plata (2009-2010).
Disertante en la cátedra de Política y Liderazgo de la formación en Farmacia y Bioquímica, Abogacía y Marketing - Universidad Maimónides.
Asociación Educar
Ciencias y Neurociencias aplicadas al Desarrollo Humano
www.asociacioneducar.com
Ciencias y Neurociencias aplicadas al Desarrollo Humano
www.asociacioneducar.com










